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Un día de feria y un corazón roto

28 Nov , 2017  

¡Amo las ferias!

Recuerdo que cuando era niña mis padres nos llevaban, a mi y a mi hermana, a la feria de la iglesia que estaba detrás de nuestra casa. No era muy grande, ni con gran estilo, pero me divertía tanto, que cada año la esperaba con una gran sonrisa. Sobre todo, porque se pone -sí, aún puedo ir- muy cerca de mi cumpleaños, por lo que sentía que todos los puestos de feria para fiestaspara mi fiesta.

En una ocasión en vez de mi papá, quien trabajó hasta tarde, fuimos con nuestra vecina y su hijo, niño que era mi amor platónico. La diferencia entre edades no era mucha, pero cuando uno tiene 9 y el otro 13, parece que provienen de mundos completamente diferentes, ya que yo seguía siendo una niña y él empezaba a entrar a la pubertad. Así que, a pesar, de que los rumores indicaban que yo también le gustaba, nada iba a pasar y menos después de ir juntos a la feria.

Mi mamá siempre me hizo una niña “ruda”, a la que le gustaba jugar luchitas, hacer explotar carritos en su imaginación y subirse a juegos extremos en la feria. Entonces el día que fuimos a la feria, obviamente yo me quería subir a todos los juegos posibles, pero mi madre me dijo que no podíamos ya que íbamos con más personas.

No me enoje, porque ya tenía una hermana chiquita y estaba acostumbrada, pero sí fue una decepción, porque en mi mente yo estaba celebrando mi cumpleaños. Así que al final, solo nos subimos al juego mecánico de “las canastitas”, ese que da vueltas sobre su propio eje y en círculos. Fue al único que nos subimos todos juntos…

¡Yo amo ese juego! Cada vez que voy a la feria me sigo subiendo: grito, me rio, me mareo y vuelvo a gritar. Si pudiera contratar en cada fiesta un puesto así con Imagia Eventos lo haría sin dudar. Pero, para mi púbero amor platónico no fue nada divertido, todo el tiempo tuvo cara de asustado, como si dar vueltas fuera lo peor que le hubiera pasado. Así que cuando bajamos, mientras yo me quería subir de nuevo y lo pedía con insistencia, él vomitó sus zapatos…

Al final su mamá se lo llevó convaleciente a su casa, mientras yo me quede con mi mamá y mi hermana a seguir disfrutando de las atracciones.

Desde ese día él no volvió a hablarme y cuando nos cruzábamos me esquivaba. Mi mamá me dijo que tal vez era porque se sintió humillado, de que alguien más pequeña que él tuviera más resistencia. Yo en ese momento pensé que había sido bueno descubrirlo, porque si nos volvíamos novios jamás me llevaría a una feria grande como La Feria de Chapultepec o Six Flags.

¿Ustedes alguna vez humillaron al niño o niña que les gustaba, sin darse cuenta? Cuentenme en la caja de comentarios y no olviden COMPARTIR y dar LIKE.


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